—Yo también siento haber perdido el control. No quiero organizar tu vida. Quiero que te hagas feliz. Eso me gustó. «Quiero que te hagas feliz» no era una promesa Disney de príncipes de cuento que velan por la felicidad de sus princesas. No era nada irreal. Era undeseo de carne y hueso, que me abrazaba con fuerza, que se preocupaba, viendo cómo yo me tambaleaba en una cuerda floja, entre hacer las cosas que quería y el miedo a no conseguirlas jamás